Definitivamente creo que, las relaciones amorosas no terminan de un día para otro. Es un proceso, tedioso, dañino, triste. No queremos que suceda, huimos, volvemos. Nuevamente triste. Si eres tú el que decide irse, de pronto las cosas cambian, lo que un día te parecia risible, al otro es una molestia o una incomodidad. De pronto quieres libertad, piensas que podrías estar mejor de otra forma, olvidas los detalles, olvidas eso que te unia tanto al principio, te duele sí, pero sabes que no hay forma de volver atrás. Cuando uno no es el que se aleja, sino el que se queda, la situación se agrava, ver como tu relación iba cayendo de a pocos, que por mas intentos que hagas nada resulta, miras y recuerdas, y sólo puedes hacer eso porque ahora todo es distinto, algo no está, algo se fue. Haces cosas, recurres a los orígenes para a partir de ellos empezar. Funciona. Cae. Otra vez.
(...y es triste cuando se trata de tu primer amor).
Muchas veces ser testigo de ese proceso es mas dañino que dejarlo ir.
En fin. . . es la vida y hay que ir aprendiendo con ella, de cada experiencia, y seguir pasando por etapas que nos brindaran mil pruebas.
No quería empezar mi primer blog del 2009 con esta publicación, pero lo creí necesario para MI.




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